Alejandro Magno, hijo de Olimpia y del rey Filipo II, nació en el año 356 a.C y murió en el 323, después de reinar durante trece años, periodo de tiempo en el que extendió el reino de Macedonia por todo el Próximo Oriente, desde Egipto hasta la India. Su principal interés inicial al heredar el trono fue la conquista del Imperio Persa, vengando así todas las afrentas y derrotas que los persas habían infligido a lo largo de los años al pueblo griego. Los esfuerzos de Esparta y Atenas, de Leónidas y Temístocles fueron vengados con creces.
Días antes de su muerte, cuando apenas faltaba un mes para su 33 cumpleaños, escribió una carta de despedida a su madre. Es una epístola muy interesante y emotiva, he aquí un párrafo de la misma:
"Así pues, evita madre, parecerte en flaqueza y debilidad a las otras mujeres, como yo he evitado asemejarme al resto de los hombres en sus acciones mundanas, absteniéndome de ello. Has de saber que no he pensado en la muerte, ni me he fatigado, porque sabía que ella vendría a mí. Por tanto, que no te canse la tristeza, porque tú no ignorabas que yo era mortal. Sabrás que he escrito esta carta porque creo que te consolarás con ella, no defraudes mi convicción, sabiendo que aquello a lo que voy es mejor y más puro que aquello en lo que me encuentro. Así, alégrate de mi partida. Mantén viva mi memoria en lo que parezca bien a tu juicio y resignación, pues todo ello me servirá de ornato. Que no te lleve mi cariño a hacer cosas que yo no he querido, ya que es señal en quien ama el hacer lo que el amado prefiere y dejar de lado lo que detesta.
Piensa, madre, en las criaturas que están sujetas a la existencia y a la corrupción, que van del comienzo al fin. Que el hombre, tras su nacimiento, es caduco y perecedero y ha de volver a su materia original. El que mora, a la larga parte; y el reino, aunque dure, termina por desaparecer.
Date cuenta, madre, de todos los siglos precedentes que se acabaron, de las naciones que desaparecieron. de la cantidad de elevados templos que se derrumbaron, de cuántas moradas excelsas que se alzaban sobre el horizonte se desplomaron y qué gran número de hermosas construcciones se arruinó.
Has de saber, madre, que tu hijo jamás se conformó con la moral de los reyezuelos, así que no te dejes llevar por la de las madres de esos reyes. Evita, madre, todo aquello de lo que tu hijo se apartó, de modo que la grandeza de tu perseverancia sea igual a la magnitud de tu pérdida, pues es sensato aquel cuya perseverancia iguala en grandeza a la magnitud de su pérdida.
Así mismo, has de saber, madre, que todo lo que Dios creó primero es pequeño y luego crece, excepto la desgracia que primero es grande y luego mengua. Conténtate, pues, con este razonamiento y este cálculo.
Ordena, madre, la construcción de una gran ciudad, cuando te llegue la noticia de mi muerte y prepara en ella una gran cantidad de comida y bebida e invita a la gente de Libia, de Macedonia, de Asia, en un día concreto, a esa comida preparada y a esa bebida escogida, en las que te habrás esmerado y ocupado, a fin de que a quien las vea le agraden y la goce quien de ella coma, saboreándola quien la beba. Cuando todo esté dispuesto, invita a toda la gente para que acuda a ese banquete; que no falte nadie en la mesa de la reina, que lo ha hecho para honrarles ese día. Luego, haz pregonar que entre los que asistan al banquete de la reina y entren en su casa, no deberá haber nadie que haya sido objeto de una desgracia, de modo que el duelo por Alejandro sea distinto del duelo de los demás."
Y cuentan que, a la muerte de su hijo, Olimpia hizo todo tal cual Alejandro le había dicho, mandó construir la ciudad, organizó el banquete, envió mensajeros a todos los confines del imperio invitando a todo aquel que no hubiera sido afligido por una desgracia. Pero el día señalado nadie apareció.
–¿Qué le pasa a la gente que nuestro ofrecimiento rechaza? –preguntaba sorprendida Olimpia.
Y le contestaron:
–Ordenaste que no llegara a ti quien se hubiera visto afectado por una desgracia, y a todo el mundo le alcanzan las desgracias y le sobrevienen pesares.


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