
Estar bien
informado siempre ha sido importante y en épocas anteriores a la nuestra no era
una tarea fácil. Siempre he pensado que en la Edad Media, por ejemplo, uno
podía haber tenido en frente al rey de su país y no saberlo. Argumento éste por
cierto que ha servido para varios cuentos orientales en los que un curioso
monarca, queriendo saber qué pensaban sus súbditos de él, hacía alguna escapada
de incógnito por los mercados.
Hoy en día, por el
contrario, tenemos muchísima información a nuestro alcance. La red Internet
pone a nuestra disposición una cantidad inmensa de datos, es completamente
cierto que vivimos en la Era de la Información. Pero, a pesar de ello, el
problema de estar bien informado persiste, porque hay que saber buscar, hay que
cotejar y, sobre todo, hay que saber bien qué estás buscando para hacer una
búsqueda correcta. Resumiendo que esa manida frase de que es más importante
conocer bien las preguntas que las respuestas sigue estando en vigor.
Hay un cuento de la
tradición judía...
Paseando por las
calles de Jerusalén un rabino se encontró con un niño que llevaba una bandeja
tapada.
-¿Qué llevas en
esa bandeja? -le preguntó
-Si quisiera que
lo supieras no la llevaría tapada -respondió el niño.
Pasado un tiempo
el rabino salió de viaje y en un cruce de caminos se encontró de nuevo con el
mismo niño.
-¿Sabes qué
camino lleva a la ciudad?
-El que queráis
elegir -le contestó el pequeño-. El de la izquierda es corto y largo, y el de
la derecha largo y corto.
El rabino eligió
el camino de la izquierda. En poco tiempo se vio ante las murallas de la
ciudad, pero no encontraba la puerta de entrada a la misma. Enfadado
regresó adonde estaba el niño.
-¿Por qué me has
engañado? He seguido el camino que me señalaste como corto y no he podido
entrar en la ciudad.
-Yo no le dije que por allí entraría a la ciudad. Le dije que era un camino corto y largo. Y es verdad. Es corto porque se llega enseguida, y largo porque no conduce a la puerta. Si hubiera elegido el largo habría tenido que andar un poco más pero habría llegado directamente a la puerta.
-Yo no le dije que por allí entraría a la ciudad. Le dije que era un camino corto y largo. Y es verdad. Es corto porque se llega enseguida, y largo porque no conduce a la puerta. Si hubiera elegido el largo habría tenido que andar un poco más pero habría llegado directamente a la puerta.
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